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Llegaron los implantes cerebrales, somos infornívoros y la singularidad va en serio.

| November 20th, 2009 | 11 Comments »

Pensamos en dispositivos, en teléfonos móviles, cuando nos referimos a Ubicuidad,  a la posibilidad de acceder a Internet desde cualquier lugar. Y es que, aunque sabíamos ya de la existencia de fármacos actuales para aumentar la inteligencia, parecía que los implantes iban a tardar algo más en llegar.

Me sorprendía hace unas horas la noticia de que IBM había logrado replicar la Inteligencia de un gato. Recordábamos entonces los vídeos de Hergueta: Cuando los ordenadores puedan emular la capacidad de procesamiento de la información de nuestros cerebros, podría emerger incluso la conciencia.

Reflexionábamos en el mismo sentido acerca de  un artículo de Jamais Cascio sobre la Inteligencia aumentada:

A diferencia de otras especies, no dependeremos de la evolución natural que incremente nuestra inteligencia para sobrevivir:  Tecnología, farmacología impulsarán aquello que nos hace únicos: nuestra inteligencia.

Los científicos hablan de que hace 12,000 años de la última era glaciar (holoceno). Fue cuando emergió la civilización humana y nuestra co-evolución con herramientas y tecnologías que nos permiten adaptarnos mejor al entorno físico.

Si el aumento de la inteligencia tiene el impacto esperado, pronto entraremos en una nueva era. El foco de nuestra evolución tecnológica estará en menor medida en cómo adaptarnos al entorno físico y en mayor en cómo adaptarnos a la enorme cantidad  de conocimiento que hemos creado.

Es la Singularidad, definida en Wikipedia así:

“En futurología, la singularidad tecnológica (algunas veces llamada simplemente la Singularidad) es un evento futuro en el que se predice que el progreso tecnológico y el cambio social acelerarán debido al desarrollo de inteligencia superhumana, cambiando nuestro ambiente de manera tal, que cualquier ser humano anterior a la Singularidad sería incapaz de comprender o predecir.”

Dicho en otras palabras, lo que vivimos es un proceso evolutivo en por el que nosotros y sistemas digitales nos convertimos en más rápidos, más sofisiticados y más capaces a la par.

Diría Danny Hillis: “A largo plazo, Internet llegará a ser una infraestructura muy rica, tanto, que las ideas podrán evolucionar fuera de la mente humana”. La relación con el Conectivismo es evidente, aportando un elemento más para poder considerar este último como la teoría del aprendizaje más consecuente con la evolución que vivimos de la web.

Estamos, según Cascio, co-evolucionando: aprendemos para adaptar nuestro pensamiento, nuestras expectativas a esos sistemas digitales y a la vez nuestra inteligencia crea sistemas cada vez más complejos (fármacos que aumentan las capacidades cognitivas, implantes tecnológicos como el que motiva este post) y poderosos para satisfacer las expectativas del ser Infornívoro:

El término es acuñado por Schirrmacher, a partir de un comentario de George Dyson: “Y si el precio de que las máquinas piensen es que las personas dejemos de hacerlo?

Creo que pronto podré presentaros una traducción del artículo completo, pero como adelanto me sorprendía la noción de que podemos ver las plataformas computacionales como sistemas sociobiológicos que permiten repensar tres de los conceptos más importantes del siglo XIX: El Taylorismo (multitasking), El Marxismo (contenidos libres, copyright) y el Darwinismo (algoritmos de búsqueda y “foraging” -que traduzco como devorar- de información).

La perspectiva Darwiniana es la más interesante: La información es una ventaja adaptativa para los informávoros y el software que la codifica imita los hábitos de alimentación del hombre prehistórico).


Pues bien, volviendo al tema que motiva este post,  se añadiría a la perspectiva informávoro-adaptativa lo que leo en RWW, sobre investigadores de Intel en Pittsburgh que  explicaban cómo se están probando implantes tecnológicos en cerebros voluntarios con el objetivo de ayudarnos a navegar la red, manipular documentos, etc… Surfear la web a través del poder del pensamiento…..

La tecnología al servicio del ser humano (somos tecnología) dibuja un escenario de Singularidad que me parece mucho más probable (y atractivo) que el que imagina las máquinas tomando el control e incluso reemplazando la vida basada en el DNA, como hacía recientemente Stephen Hawking (“Humans Have Entered a New Stage of Evolution”, Los humanos hemos entrado en un nuevo estadio de la evolución).

Liderazgo femenino, Más allá de Google, El fin de la soledad

| February 5th, 2009 | 6 Comments »

Verán, quienes siguen hablando de la muerte de los blogs, o los que ponen en duda la calidad de las publicaciones digitales, retada su opinión en grado máximo si dedican unos minutos a leer y reconocer la calidad y el interés de las recomendaciones que os dejo hoy:

Es el título del último post de Uxío Malvido, amigo al que recomiendo leer sobre diversidad en las organizaciones. Os dejo su primer párrafo como aperitivo de una entrada que vuelve a denunciar algo que no por viejo se hace más soportable:

“Saber qué aportan las mujeres a la dirección de las organizaciones se ha convertido en un auténtico filón de opiniones e investigaciones, cuando lo curioso es que la presencia masiva de los hombres se asume como algo natural, sin que nadie se pregunte qué aportan”

Su autor es Jorge Juan Fernández y creo me apetece de verdad leerlo desde que he visto su contraportada:

“En el texto están recogidas y ordenadas casi 300 “leyes” relativas a cómo utilizamos o nos afectan a nivel individual u organizacional la información y las tecnologías. Estas leyes “todavía no científicas” son los primeros pasos hacia la definición de una nueva disciplina académica, la Infonomía, cuyo impacto en las vidas de las personas y en la eficiencia de nuestras empresas será crítico en el siglo XXI.”

Un libro de ideas, ideal para reflexionar y que además, como nos cuenta el autor,  “ha sido resultado de un ejercicio de crowdsourcing o inteligencia colectiva, utilizando herramientas 2.0. Es decir, alguien (Alfons Cornella) propone un problema (identificar patrones en la gestión de información y tecnologías, cada uno desde su experiencia personal), dispone un sistema (un blog dentro de Infonomia.com), y la gente ha participado, libremente, sin conocernos los unos a los otros”.

La primera línea del prólogo, de  Alfons Cornella, también resulta interesante: “no sabemos casi nada de algo que está en la base de casi todo: la información“.

Si las dos recomendaciones anteriores me han hecho y harán, seguro, reflexionar, el artículo en inglés al que enlaza este párrafo, de William Deresiewicz, lleva haciéndolo durante días. Lo estoy traduciendo al completo, aportartando mi visión al tema y os lo dejaré aquí en breve, pero de momento, quería adelantaros sus primeras líneas. También imprescindible:

“Mientras todos buscamos mayor conectividad, la voz de verdad sigue hablando en silencio

¿Qué quiere el yo contemporáneo? La cámara ha creado una cultura de la celebridad, los ordenadores, de conectividad. Cuando la web ha permitido la convergencia entre ambas y las redes sociales han extendido la interconectividad, las dos culturas se han unido: La celebridad y la conectividad son formas de ser conocidos. Y eso es lo que quiere el ser contemporáneo: ser visible. Ante millones o como mínimo, cientos, como en Twitter o Facebook. Esa es la calidad que nos valida, la forma en que nos convertimos en reales para nosotros mismos, siendo vistos por los demás. El gran terror contemporáneo es el anonimato. Si Lionel Trilling acertaba, la propiedad que basaba el self en el romanticismo era la sinceridad y en el modernismo la autenticidad, durante el posmodernismo es la visibilidad.”