¿Hay o no futuro? no se entiende, en absoluto, Internet.
dolors reig | March 14th, 2010 | 11 Comments »He pasado unas horas con periodistas, últimamente, en sendas conferencias virtuales para el Tec de Monterey y el Universal sobre Periodismo digital y ciudadano (tenéis en el enlace presentación).
No es un ámbito que conozca a fondo, no más allá de la web. Tal vez ese sea el motivo de la alerta que me producía la siguiente noticia:
Una de las mayores agencias de noticias del mundo, la británica Reuters, ha decidido empezar a controlar las cuentas de Twitter de los periodistas que tiene en plantilla. El motivo no es otro que el adelanto que éstos hacían de sus exclusivas antes de emitir el teletipo.
En una guía elaborada por Reuters sobre cómo deben usar las redes sociales e Internet parece que la agencia intenta moderar el efecto de la autocomunicación de masas, de la viralidad, del periodismo, en definitiva, ciudadano sin importarle demasiado, ni la web, ni los derechos de sus propios trabajadores.
Además, el manual invita a los redactores a separar su actividad personal y profesional en Twitter y les avisa de que sus cuentas profesionales serán revisadas por la empresa.
También les aconseja que se lo piensen bien antes de escribir en redes sociales y que no viertan opiniones políticas o ideológicas. Sobre la búsqueda de información en la red, les reclama que extremen la precaución en los datos que toman de la famosa página Wikipedia.
Parece que la agencia, prima lejana, como mínimo, de la SGAE, asegura en su guía que Wikipedia es un buen “punto de partida” a la hora de recabar documentación pero exige que sus datos deban ser contrastados por otra vía antes de darlos por válidos.
Lo de siempre… la prensa, las instituciones como permanentes garantes de la veracidad, como “watchdog”, como veíamos en las sesiones de las que os hablaba, de una inteligencia ciudadana cansada ya de ser puesta en duda.
Suscripción a noticias de pago en las versiones digitales, completan el panorama actual de los medios tradicionales (“el cobro en Internet es fundamental”)…
¿Quién de verdad se adapta al modelo Freemium? ¿Creemos de verdad que los bits deben ser libres? ¿Porqué no nos damos cuenta aún de que no puede ser de otra forma? Una vez más, los valores generativos, el valor añadido que podemos aportar cuando queremos “vender” productos o servicios que pueden ser gratuitos en la web, se desconocen.
Llevaba días sin la vieja sensación: se legisla, se limita, se amenaza, se regula, se sanciona (un dueño de un gimnasio, un peluquero, pero no las cadenas multimillonarias de ambos servicios están entre las últimas víctimas de la SGAE) sin entender, en el mejor de los casos, nada de nada, de la lógica (distinta) de la web.
No voy a juzgarlo. Ni siquiera me queda más remedio que recordar que siempre han sido escasos, peligrosos para los sistemas de poder imperantes, los ratones que utilizando una manida metáfora, han sabido sobrevivir cuando alguien se ha llevado su queso.
O, dicho de otro modo: hay gente (la mayoría) que, simplemente, no sabe estar en Internet.
Vuelvo a un viejo artículo, cuando analizábamos los palos de ciego en torno a la llamada Escuela 2.0:
Aquí empezamos, esto lo hemos estado construyendo, a nuestra medida, los usuarios, los amateurs, ciudadanos independientes y apasionados. Llegaron después, este mismo año en España y al olor de los beneficios de Google, las empresas. Su implementación, la adopción de la cultura de los usuarios les es aún complicada (por no decir imposible) y requiere de arduas labores de consultoría y sensibilización.
Llega ahora, como siempre rezagado y efecto Obama mediante, el gobierno. Y cometerán, uno a uno, los mismos fallos que primero usuarios y hoy empresas están cometiendo.
¿Recordáis la metáfora? Inmigrantes, residentes, visitantes digitales: Los políticos encargados de trazar algunos de los puentes más importantes entre Internet y el “mundo real”, son turistas aquí.
Somos, muchos de los que me leéis y yo misma, los/las guías que podemos evitar las muestras de colonización de lo bárbaro que vivimos.
Y es que no puede sonarme a otra cosa la noticia siguiente, que me dejaba Ariel y a la que también quería dedicar el vídeo posterior:
El Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, ha confesado que se hizo un perfil falso de la red social Tuenti para controlar a sus hijos. Además, ha animado a otros padres a hacer lo mismo, durante una conferencia en la que ha alertado de los peligros del uso de Internet en la inauguración de un curso en la Escuela de Negocios de la Universidad San Pablo CEU.
Consultad la noticia para más despropósitos. Parece una pesadilla, salida de la reencarnación de lógicas sociales totalitarias que creíamos haber superado.
Sean ratones olisqueando quesos perdidos o los nuevos conquistadores para el mantenimiento del control social, lo cierto es que a muchos les ocurre (o les va a ocurrir
) lo que al protagonista del vídeo, la incapacidad de presentarse desde la igualdad y no desde tradicionales posiciones top-down de poder.
O lo que es lo mismo, pánico por no saber escuchar, por no querer o saber aprender, pánico por interacción:
A cambio de tanta decepción me llegaba después, desde Pido Ayuda, el vídeo que Fernando da Rosa, con un artículo que lo contextualiza, nos deja en su blog.
¿Hay futuro o como se deía en tiempos peores dios da dientes a quien no tiene que comer? Dudo, sinceramente, de la profesionalidad, de la profesionalización en el caso de las dos noticias anteriores al vídeo de los Muppets.
No sé, sinceramente, ni dónde queda la pasión por informar de Reuters ni dónde la objetividad del que se supone que debería defender al menor.
Si el vídeo, si Richard, Marisol, Lucas y el “Plan Ceibal más allá del aula” no nos resuelven el desconcierto, recordaremos…:
Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar
Eduardo Galeano, Ventana sobre la utopía.



Leíamos el otro día a 



























