Comento a menudo que el neuroaprendizaje, los avances en cuanto a evidencia en neuroimagen, neuropsicología sobre cognición y formas de aprender, es una disciplina en auge en la denominada “Sociedad del conocimiento”, en la que no podemos dejar de aprender durante toda la vida y será importante optimizar las estrategias para ello, pero no imaginaba que la palabra pudiese alcanzar la extensión que descubriréis a continuación…
Lo vimos en Matrix, creo que lo vimos también en Avatar y es típico de varias películas de ciencia ficción: ¿Podríamos aprender cosas nuevas sin ejercer un esfuerzo consciente?
Es posible ya aplicar estímulos a zonas motoras del cerebro para levantar, involuntariamente, una mano, pero parece que el escenario ante el que sería posible inducir el aprendizaje, evolución mucho más sofisticada de lo primero, también lo podría ser pronto.
Así lo publicarán, según The Atlantic, pronto en Science un grupo de investigadores de la Universidad de Boston y de Japón, que diseñaban un método de neurofeedback en resonancia magnética funcional que induce un patrón de activación pre-grabado en determinadas zonas del cerebro visual.
En otras palabras, lo que hoy aprendemos a través de su visualización, mediante aprendizaje regular, podría ser pronto inducido en el cerebro. La función visual concreta mejoraba de forma automática después de la inducción.
Los experimentos demostraron con éxito que, a través de la corteza visual de una persona y mediante fMRI podían inducirse patrones de actividad cerebral. De hecho el control consciente podría ser contraproducente: curiosamente, los datos de comportamiento obtenidos antes y después del entrenamiento de neurofeedback mostraron un mejor desempeño de las tareas visuales relevantes, especialmente cuando los sujetos no eran conscientes de la naturaleza de lo que estaban aprendiendo.
En fin… que podríamos estar al principio de la programación para la enseñanza automática de cosas como tocar el piano, aprender idiomas, reduciendo el estrés mental, cualquier tipo de esfuerzo consciente.
Predecía ya Isaac Asimov la web que tenemos, que tendríamos conexión permanente en algún momento a enormes librerías a las que podríamos preguntar cualquier cosa, librándonos de la pesada memorización de muchas cosas. Un artículo en Online college nos lo recuerda, además de resumir mucho de lo que hemos dicho aquí o he podido encontrar en otras fuentes (que voy enlazando) sobre los cambios en nuestros cerebros que todo ello comporta:
1. Internet se convierte en nuestro disco duro externo, el lugar en el que almacenamos muchas de las cosas que antes solamente podíamos memorizar. Son varios los estudios que confirman la idea. En algunos casos se demuestra que se trata de un proceso casi consciente y derivado de la pereza cognitiva que nos caracteriza: si sabemos que van a guardarse los datos solemos tomarnos muchas menos molestias en memorizar las cosas. Números de teléfono, direcciones postales o de email son ejemplos claros de ello.
3. Relacionado con lo anterior, Internet se convierte en nuestra memoria transactiva, nos resultará, según los estudios de Sparrow y otros/as, más fácil recordar los procesos por los que que llegamos a las cosas, los caminos que seguimos desde Google para encontrarlas que las cosas en sí.
5. Nuestro coeficiente intelectual está aumentando con el tiempo. No sabemos si gracias a la tecnología o a pesar de ella pero nos vamos volviendo más inteligentes como especie. Y todo ello, añadiría, como individuos pero sobre todo también como colectivos.
7. Nos estamos volviendo físicamente adictos a la tecnología, llegando a registrarse temas de “craving” (síndrome de abstinencia) por la estimulación recibida. La dopamina que generan nos hace sentir aburridos cuando no podemos usar los gadgets, dificultando la atención en otras tareas y la desconexión completa. Estudios de esta misma semana apoyaban la hipótesis de que la adicción a las TIC activa los mismos circuitos que adicciones a sustancias.
8. Cuanto más utilizamos internet, más se activa nuestro cerebro: Lo probaba Gary Small cuando ponía a prueba a internautas con experiencia en una batería de preguntas y monitorizaba su actividad cerebral. Se registraba más actividad, especialmente en cuanto a toma de decisiones y solución de problemasm, en el grupo de internautas activos que en los que no lo eran. Repetía la prueba a los seis días, en esta ocasión con los nuevos habiendo navegado una hora diaria en internet. Pues bien, en 5 horas, las que habían pasado conectados, sus cerebros ya mostraban cambios. La investigación sirve desde 2007 para mostrar que Internet cambia circuitos neuronales.
9. Nuestros cerebros tienden a buscar nueva información de forma constante: Diversos tests en Stanford indican que los multitaskers, como muchos usuarios de internet, tienden a menudo a superponer a informaciones más antiguas y valiosas las novedades. Clifford Nass en Stanford observa cómo en lugar de focalizar la atención en cosas importantes tendemos a distraernos con cualquier novedad, como mensajes en redes sociales, email entrantes, etc.
10. Exploramos, más que leemos información de forma lineal: aparecen nuevas formas de lectura, más rápidas, de detección de elementos de importancia más que de lectura exhaustiva. Aparecen nuevos patrones de lectura, como el que nos dice que leemos en F, que comentábamos el pasado verano.
12. Posibles problemas de creatividad: Algunos expertos piensan que la memorización es necesaria para la creatividad, que cualquier brainstorming acude a conocimientos previamente almacenados en nuestras memorias y puede ser menos efectivo si almacenamos las cosas online.
Desde luego es mal momento para permitirnos el lujo de perder nuestra capacidad de innovación, así que si tenemos problemas al respecto, nada mejor que mejorar nuestras habilidades mediante cosas como el The Original Memory Gym.
He defendido muchas veces en este blog la utilidad de Facebook para el análisis de datos social. Incluso he mencionado que deberíamos exigirle a la marca, propietaria del grafo social de gran parte de la humanidad, que utilice nuestros datos en favor de la ciencia social y no solo para enriquecerse. El ejemplo que os presento hoy trata de eso.
Todos recordáis la famosa teoría de los “seis grados de separación”, descrita por el psicólogo Stanley Milgram en 1960. Pues bien… parece que si trasladamos el tema a los servicios de redes sociales actuales, concretamente a Facebook, los pasos se reducen a 5 o incluso 4. El estudio, en el que participé en su día, firmado por FB y la Universidad de Milán con 721 millones de usuarios activos, más del diez por cien de la población mundial, resulta ser la investigación más amplia realizada hasta la fecha como réplica del experimento original, el que también daba lugar a la denominada “teoría del mundo pequeño”. Contrasta, sobre todo, con la investigación original de Milgram en 1967, que consistía en el envío de postales por correo ordinario entre 296 voluntarios.
Así, parece que sí se cumplen los postulados de la Sociedad aumentada, que Facebook nos interconecta en mayor medida, que los servicios de redes sociales virtuales tienden a acercarnos unos a otros, acortando la distancia que nos separa desde 5,28 pasos en 2008 a los 4.7 de hoy.
Otra idea que surge del estudio es la de que existen nuevas funciones para los lazos débiles que Granovetter describía, como la difusión de noticias o eventos mundiales interesantes.
Surgen otros datos y gráficos curiosos acerca de las afinidades, que parecen reproducirse desde el mundo offline. Conexión no significa, obviamente, proximidad y si bien es cierto que no estamos demasiado lejos de nadie, sí lo es que la mayor parte de nuestras conexiones son de corta distancia: el 84% de las conexiones en el estudio, de hecho, son entre usuarios del mismo lugar.
Ese no parece ser el único factor alrededor del que la gente se agrupa. También parece que nos agrupan la cantidad de amigos que tenemos o la edad. En este sentido resulta curioso observar cómo en el caso de la gente de 60 años el efecto de homofilia, en este caso en cuanto a edad, se dispara.
En fin… que se agradecerán, en el futuro, más muestras de que para Facebook somos el objeto a observar además del producto a comercializar
Será porque ando por los States y aquí Apple parece ser el claro vencedor de la conocida batalla o por lo curioso de la noticia. Resulta que pruebas biométricas concluyen que el Ipad es superior en cuanto a captar la atención de sus usuarios. Así, estudios de tracking visual indican lo que veis en la imagen: que los ipad-iphones en la esquina superior izquierda captan en mayor medida la atención que sus “competidores”, en este caso Samsung, Amazon, HTC y Motorola.
Comentan los investigadores que ya suponían que la marca de Jobs ganaría, que el iPhone 4S y el iPad 2 serían superiores a sus competidores pero que no imaginaban que la diferencia fuese tan acusada. En la imagen, el tono rojo indica los lugares calientes en los que la gente fija más su atención.
El estudio lo completan una serie de encuestas, de valoraciones subjetivas en las cuales también se declara que los dispositivos más atractivos a primera vista, para más del 40%, son los iPhone. En segundo y tercer lugar se sitúan el Motorola Photon 4G y el Samsung Galaxy S II, cada uno de los cuales obtendría el 20% de los votos.
En el caso de los tablet, aunque el iPad también obtiene bastantes votos, el tema no llega al del iPhone. El 35% de la gente dice, en este caso, que encuentra el iPad el dispositivo más atractivo entre los tablets. El Amazon Kindle Fire estaría en segundo lugar.
Así, a pesar de que Samsung sea el principal competidor de lso smartphone de Apple y el Kindle fire prometa, los productos de Apple parecen seguir siendo más atractivos para el consumidor.
En fin… que sunque en Forbes comentan que la empresa responsable del estudio asegura que no es así, no tengo claro que no sea estudio interesado… El viejo truco en publicidad que asegura que nos gusta especialmente alinearnos con la mayoría puede ser el motivo. ¿Qué pensáis?
Son muchas las decisiones, sobre cosas triviales o importantes, que tomamos a diario. El otro día pasé varias horas decidiendo en diversos buscadores en qué hotel debería alojarme: ¿céntrico pero más caro? ¿Con más prestaciones pero menos céntrico? ¿Con desayuno incluido o mejor ir a desayunar por ahí?…
Y es que lo que parece un proceso sencillo en realidad es algo cognitivamente exigente, que incluye tener que evaluar decenas de alternativas, tener en cuenta una serie de variables, sopesar pros y contras…y eso de manera continua, en cada decisión de consumo. Como diría Barry Schwartz en La paradoja de las elecciones, la evolución y el capitalismo lo hacen todo muy complicado.
¿Cómo abordamos todas esas decisiones, que parecen infinitas? A lo largo de la historia, la respuesta ha sido que ante un dilema debemos evaluar cuidadosamente las opciones y pasar a deliberar cuidadosamente la información. Entonces, tenemos que decidir el hotel o lo que sea que mejor se adapte a nuestras preferencias. Así es como maximizar la utilidad y obtener el máximo retorno de la inversión. Somos agentes racionales, y por tanto, tomamos decisiones de manera racional.
Lo decía Dan Ariely en Predictably irrational y lo veréis muy rápidamente ante la siguiente ilusión auditiva, que descubrí ayer y creo que ilustra bien la irracionalidad que nos caracteriza, el efecto McGurk. Si no sabéis inglés recordad lo siguiente…. el sonido no cambia en ningún momento. Lo que a veces escuchamos como “pa” y otras como “ba” o “fa” depende únicamente de la posición de los labios que observamos. Me parecía impresionante…
¿Es eficiente la racionalidad? ¿Qué pasa si es más fiable, si tomamos mejores decisiones cuando confiamos en nuestro instinto? Si bien siempre se ha creído en la sabiduría de las emociones, es en los últimos años que los científicos han demostrado que el sistema emocional puede imponerse en las decisiones complejas o aquellas que involucran muchas variables. Si esto es verdad el inconsciente podría resultar más adecuado para algunas tareas cognitivas que el cerebro consciente. Es decir, el mismo proceso que llamamos irracional e impulsivo podría ser, en determinadas condiciones, más inteligente que la misma razón.
El motivo fundamental podría ser de capacidad. Así como el inconsciente es capa de manejar una gran cantidad de información sin colapsarse, lo consciente solo puede procesar alrededor de cuatro bits de datos en cualquier momento. En nuestro ejemplo, ante la abrumadora cantidad de hoteles existentes hice bien en elegir el que sentí que era el más adecuado.
La investigación más representativa de esta idea es el experimento de Dijksterhuis. Consistía resumidamente en ofrecer a un grupo de compradores de coches descripciones de cuatro coches con cuatro variables por coche (por ejemplo, se conduce mal, pero es muy cómodo para las piernas, etc.). Una de las descripciones correspondía a un coche ideal, en el que predominaban aspectos positivos. Después, los compradores tenían unos minutos para valorar conscientemente su decisión. En esta situación “fácil”, más del 50% eligieron el coche ideal.
En otro grupo se mostraban las mismas descripciones pero no los dejaban pensar conscientemente su decisión, distrayéndoles inmediatamente con algunos juegos de palabras. Luego interrumpió el juego y, de repente, les hizo elegir el coche ideal. De esta manera, estarían eligiendo con el cerebro inconsciente. El resultado fue significativamente peor. Los datos confirmarían, así, que la razón siempre es mejor.
Pero el investigador no se conformó. Repitió el experimento agregando 12 variables a cada coche, por lo que fue una situación más difícil pero más real, más fiel a lo que es enfrentarse a la compra de un coche.
En este caso, de entre los que tuvieron tiempo para pensar, sólo el 25% eligió el coche ideal, mientras que los que estuvieron distraídos durante unos minutos, acertaron casi en el 60% de las ocasiones.
La propuesta del autor es sugerente:
Usa tu mente consciente para obtener toda la información que necesitas para tomar una decisión. Pero no se trata de que la analices con tu mente consciente. En vez de eso, vete de vacaciones mientras tu mente inconsciente lo digiere. Sea cual sea tu intuición es casi seguro que va a ase la mejor opción.
Durante un tiempo se consideró el estudio anterior un accidente experimental, pero un nuevo artículo publicado este mes en Emotion lo revitaliza y replica, como prueba de las posibles ventajas de utilizar las emociones para decidir cosas complejas. Un experimento similar llegaba a las mismas conclusiones: cuando las variables son pocas el desempeño es mejor con el cerebro consciente, pero cuando el número de variables es mayor, y la situación se complica, decide mejor el cerebro inconsciente.
Esta podría ser la explicación final: La enorme capacidad de procesar del cerebro inconsciente asegura que podemos analizar toda la información relevante al evaluar todas las alternativas. Como resultado, somos capaces de dar sentido a cada una de las variables mediante una etiqueta afectiva: la mejor opción es rápidamente asociada con la emoción más positiva.
Aunque seguirá el debate, estos estudios nos hacen valorar de forma más positiva el poder de las emociones en esferas que hasta ahora se consideraban estrictamente “intelectuales”. Muestran que desde luego, asociar la emoción, corazonada, intuición a algo negativo e irresponsable no tiene ya, con la evidencia experimental y científica disponible, ningún sentido.
Mikels, J., Maglio, S., Reed, A., & Kaplowitz, L. (2011). Should I go with my gut? Investigating the benefits of emotion-focused decision making. Emotion, 11 (4), 743-753 DOI: 10.1037/a0023986
El artículo de hoy me servirá para cerrar mañana la presentación sobre Nuevas Profesiones en el CEJFE. No se trata, en sentido estricto, de una nueva profesión, pero sí nos da una idea sobre la necesaria apertura de conceptos. Juego y ciencia, en otras épocas tan apartados hoy ser reúnen en torno a la tecnología en nuestro bien.
Pues bien, diez años de investigación científica no habían logrado lo que un grupo de jugadores online: descifrar la estructura de un enzima del virus del SIDA. El exploit lo publicaban en el journal Nature Structural & Molecular Biology, en el que, de forma excepcional y por primera vez, jugadores online e investigadores aparecen como coautores.
Me disculparéis si no me extiendo en los detalles, el tema resulta de que descifrar la estructura de las proteínas es vital para entender las causas de muchas enfermedades y desarrollar medicamentos para bloquearlas. Un microscopio ofrece solamente una imagen plana, así que resultan necesarias imágenes 3D que desplieguen la molécula y la hagan girar para revelar objetivos potenciales para los posibles medicamentos.
Foldit, desarrollado en 2008 por la universidad de Washington, el juego en cuestión, puede ser la solución. Se trata de un juego de entretenimiento en el que los jugadores, divididos en equipos, compiten por desplegar cadenas de aminoácidos, los componentes básicos de las proteínas, a través de una serie de herramientas online.
Para sorpresa de los científicos, los “gamers” producían un modelo preciso del enzima en solo 3 semanas, proporcionando nuevos insights para el diseño de drogas anti retrovirales (la medicación para los portadores de HIV).
Se atribuye el éxito, tanto a la intuición humana como al ingenio y añado, la ingenuidad (ver definición final) de los videojugadores.
Son fuerzas potentes que correctamente dirigidas pueden ser utilizadas para resolver un amplio rango de problemas científicos, decía Seth Cooper, uno de los creadores del juego al analizar por qué los videojugadores tuvieron éxito donde las computadoras fallaron.
La gente posee, además, mejores habilidades espaciales que las computadoras, así que los juegos pueden proveer un marco adecuado para combinar las fortalezas de computadoras y humanos con el objetivo de hacer avanzar la ciencia.
Añadiría algo sobre lo que ando escribiendo, cómo la idea de la ingenuidad ligada al acierto no es nueva y la suponen algunos teóricos sobre la inteligencia colectiva. Destacaba Armstrong en un artículo de 1980 (The Seer-Sucker Theory: The value of experts in forecasting), la frecuente sobrevaloración del conocimiento experto, cuando según numerosas investigaciones no se ha encontrado ningún estudio que refleje una ventaja importante a favor del mismo sobre el trabajo colaborativo.
Sea como sea parece que se confirma el inestimable valor de la diversidad, de la apertura, así como el del juego.
Actualización: Que sí… que tal y como se observa en los comentarios, ” ingenuity” se traduce como ingenio, pero NO es una traducción, es una interpretación, como bien puede suponerse si se lee el último párrafo del artículo.
Creo que si los videojugadores podían superar a los científicos en ese caso era por “ingenuidad”, por libertad y no sometimiento a ideas previas.
No me parecería lógico decir que los videojugadores tienen más “ingenio” que los científicos. Así se ha argumentado desde un primer momento y esa interpretación motivó el artículo.
Dejo, para disfrute del lector, la excelente definición de wikipedia, muy buena y curiosamente en línea con lo que he querido expresar:
Ingenuidad es la condición o personalidad del ingenuo (del latín ingenuus, traducible por natural, indígena, libre de nacimiento -lo que se identificaba históricamente con la condición del hombre libre por contraposición al siervo, o en algunos casos con la condición de nobleza-). Indica ausencia o falta de malicia y de experiencia, una deficiente comprensión o inteligencia y la ausencia de sostificación; así como presencia de sinceridad, inocencia, sencillez, pureza, candor2 o candidez (como reflejan los tipos literario de Cándido, fijado por Voltaire, o de la ingenua).
Algunos autores han desarrollado un concepto de ingenuidad que la identifica con el proceso de encontrar y aplicar ideas nuevas para resolver problemas o enfrentarse con retos especialmente difíciles, más allá de las ideas preconcebidas, preconceptos o prejuicios; lo que puede identificarse con la innovación, el denominado pensamiento divergente y conceptos como el de capital intelectual.
El artículo de hoy forma parte de la tendencia de Análisis de datos sociales, de sociometría, que introducíamos hace tiempo como tendencia y que está cobrando cada vez más importancia. Lo firma bit.ly, servicio de acortamiento de URL que muchos/as conocéis.
¿Cuánto dura el interés por un link en la web social? ¿Cúánto tiempo es relevante? ¿Es igual en todas las redes sociales y con todo tipo de contenido?
Para evaluar la persistencia de los enlaces los investigadores calculan su vida media, el tiempo en el que reciben la mitad de los clicks. Para un item de contenido independiente de la actualidad es de unos 70 minutos, mientras que para un item de actualidad el tema desciende a 5 minutos.
Con una muestra de 1000 enlaces, independientemente del contenido y al analizar la supervivencia en distintas redes sociales, parece que la vida media en twitter es de 2.8 horas, 3.2 en Facebook y vida fuentes directas (mail, mensajería), de 3.4 horas. Parece, así, que podemos obtener 24 minutos más de atención en Facebook que en twitter. Todavía es mayor la diferencia con youtube, con 7,4 horas de vida media.
Otros datos curiosos los vemos en el gráfico: es difícil que un enlace dure más de 5,5 horas en las redes sociales si no es en youtube. La media de vida de un link de bitly es de unas 3 horas y existe mucha variabilidad, desde 2 a 11 horas, así que es probable, concluyan, que la calidad del contenido sea lo más importante.
Seguro que muchos/as estáis pensando que la medida debería referirse a los clicks en el enlace original y no a un servicio de short url que no suele ser precisamente persistente.
En el caso de este blog, con un servicio propio de acortamiento de url (dreig.cc), cuando los enlaces llegan a twitter adoptan el servicio propio de esta red social y cada vez que son retwitteados pueden adoptar las distintas formas que cada usuario y herramienta para compartir enlaces tenga predeterminadas (urls cortas de otros usuarios, otros servicios de acortamiento más allá de bit.ly, etc.), así que creo que el único indicador válido sería el del tráfico que recibimos.
Algo más compleja y creo que fiel a la realidad de que la gente usa distintos servicios de acortado de URL, que añaden variables y hacen mucho más difícil de estudiar el proceso, es la observación que expone Barábasi en Bursts (tenéis resumen en el enlace).
Refiriéndose al tráfico web nos dice que el 50% del tráfico de una publicación tiene lugar durante las primeras 36 horas, el 28% durante las primeras 24h, mientras que a los tres o cuatro días ha decrecido su interés. En algunos casos duran un poco más, desafiando las leyes tradicionales, gracias, probablemente, a citas, enlaces en foros, etc.
En fin, tempus fugit y más en la red de redes. Nos vemos durante un ratito
Si tenéis ocasión realizad antes que nada el experimento que aparece en el siguiente vídeo. Se trata de contar los pases que se producen entre los personajes que visten de blanco:
¿Bien?
Resultará curioso a quien no lo conozca, más después de haberlo comprobado por sí mismo, el experimento del gorila invisible, que titulaba un reciente libro de Chabris y Simons (2010). Nos habla de lo poco fiable que es (en el experimento el 50% de las ocasiones, mientras nos centramos en contar los pases ignoramos la presencia del gorila), nuestra percepción de la realidad, de lo fácil que resulta confundirnos y hacernos sucumbir a las ilusiones, de cómo podemos inocularnos de sus efectos y ver los gorilas invisibles en nuestras vidas.
Otra Mirada positiva e interesante, que conocía a través de Brain pickings, a colación de los cambios cognitivos que vivimos con internet es la de Davidson, autora que en “Now You See It: How the Brain Science of Attention Will Transform the Way We Live, Work, and Learn” (Ahora lo vemos, cómo la neurociencia de la atención transformará la forma en que vivimos, trabajamos y aprendemos), nos explica cómo la ceguera atencional, el peculiar fenómeno ilustrado por el experimento citado puede ayudarnos a ver cómo se ha producido la gran desconexión cultural entre la capacidad para reconciliar los grandes cambios de la era digital con convenciones en escuelas y puestos de trabajo que han quedado obsoletas.
Se argumenta, por ejemplo, que la multitarea perjudica la ejecución, cuando, como demostraba el propio experimento del gorila invisible, la atención tiende a ser selectiva y por tanto la multitarea parece ser, como lo muestran también otros experimentos (aquí exponíamos otros), más mito que realidad.
Davidson también utiliza el experimento para ejemplificar la resistencia al cambio que vivimos: “Mientras nos centremos en el objeto que conocemos olvidaremos lo nuevo, lo que necesitamos conocer. El proceso de desaprender para volver a aprender precisa de un nuevo concepto del mismo conocimiento, que es un proceso y no un objeto, que no debería ser un nombre sino un verbo en cambio constante.”
Este tipo de experimentos debería ser utilizado como lentes a través de las cuales examinar la naturaleza y evolución de la atención, más allá de la rigidez de un sistema educativo que se mueve por expectativas rígidas sobre qué es y cómo la atención refleja un concepto de inteligencia igualmente acartonado.
La neurociencia parece decir lo contrario, apoyando las hipótesis modernas de la diversidad (Gartner, Robinson, etc.): que nuestras mentes prestan atención de muchas formas distintas. Significa que la academia y los puestos de trabajo deben evolucionar en paralelo y trascender el modelo del siglo XX de la línea de ensamblaje para llegar al del procesamiento en paralelo, propio del siglo XXI.
Me ha parecido extremadamente interesante en los tiempos que vivimos la investigación de los científicos del Rensselaer Polytechnic Institute que se publicaba recientemente han descubierto que cuando un 10% de la población tiene una creencia firme, la mayoría de la sociedad la adoptará.
Los científicos desarrollaron modelos informáticos basados en distintos tipos de redes sociales. En el primer modelo, cada persona se conectaba a cualquier otra de la red. En el segundo algunos individuos se conectaban a un gran número de personas, lo que los convertía en líderes de opinión. En el tercer modelo, cada persona se conectaba al mismo
número de conexiones.
Cada tipo de red partía de un montón de personas con un punto de vista tradicional. Y cada una tenía una opinión pero también, y sobre todo, una mentalidad abierta a las opiniones de otros.
Después de que se establecieran las redes, los investigadores colocaron infiltrados, agentes de cambio, en cada una de las redes.
“Cuando el número de líderes de opinión es inferior al 10%, no hay ningún progreso visible en la difusión de las ideas.” según Boleslaw Szymanski, el director de SCNARC. Pero “una vez que el número crece por encima del 10%, la idea se extiende como el fuego”.
“Es evidente que hay situaciones en las que es útil saber cómo difundir eficazmente alguna opinión o cómo suprimir una opinión en desarrollo”, dice el profesor asociado de física y co-autor del artículo, Korniss Gyorgy. “Algunos ejemplos podrían ser la necesidad de convencer rápidamente a la población para desalojar antes de un huracán o difundir información para la prevención de enfermedades en una población rural”.
La investigación se centra ahora en confirmar este tipo de modelos en las ciencias sociales y otros campos. También están buscando estudiar qué porcentaje sería necesario para cambiar cuando la sociedad está polarizada, en vez de partir de un punto de vista neutral, en el caso, por ejemplo, de los dos partidos políticos predominantes en muchos sistemas políticos.
En fin… que se me ocurría pensar en los indignados, en el movimiento 15M y en cómo, los según algunos cuatro gatos (y según otros 10 millones de ciudadanos) que protagonizan las manifestaciones y asambleas parecen en todo caso haber estado cercanos a ese 10%.
Así parecen indicarlo datos recientes del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas): Un 70 % de la ciudadanía ve con “gran simpatía” la posición de los “indignados”, porcentaje que llega hasta el 83 % cuando el concepto se reduce sólo a “simpatía”.
Es la primera vez, parece, que en España una organización, institución o idea han llegado a alcanzar ese grado de popularidad.
Sea como sea parece que la investigación apoya una vez más, como me recuerda @psicologos, las intuiciones de viejos psicólogos sociales, como Moscovici, que proponía que las minorías activas pueden cambiar a la mayoría si, entre otros aspectos, su discurso es consistente y sistemático. Planteaba sus teorías en las décadas de los 60 y 70, cuando las minorías consiguieron derechos para equiparar su situación a la de la mayoría.
Os dejo la interesante entrevista que me hacía ayer Blanca Salvatierra para Publico.es, con las correspondientes respuestas.
Las mias han salido hoy publicada junto a otras opiniones en un artículo llamado La maraña de las redes socialesque dejo enlazado aquí.
Con la aparición de Google+ y los rumores sobre que Microsoft está planificando su propia red social, la pregunta es ¿cuántas redes sociales puede manejar una persona sin volverse loco (Google+, Facebook, Twitter, Linkedin, etc)?
No sé si hay respuesta a cuántas redes sociales podemos manejar, más cuando evolucionarán las herramientas que unifiquen la experiencia de usuario, que permitan manejarlas todas a la vez. Lo que sí parece, según algunos estudios, es que existe un número, el denominado número de Dunbar en honor al antropólogo que lo formuló, máximo de contactos con los que podemos manejar, a nivel cognitivo, una relación significativa.
Quizás sea un número conservador y nuestros cerebros estén evolucionando con las posibilidades que van apareciendo, es pronto para medirlo, pero está claro que sí existe un límite para las relaciones más tradicionales. Otro tema es que estemos ampliando el tipo de relaciones que podemos establecer. No tiene porqué ser menos importante un contacto débil en red social virtual pero que me informa magníficamente que un vecino físico, por ejemplo.
¿Hay sitio para todas ellas o el lanzamiento de una nueva con éxito implica el comienzo del declive de otra (como en el caso de MySpace)?
Hemos pensado muchas veces que había límite pero nos han ido sorprendiendo. La sociabilidad del ser humano parece ilimitada, en número de redes y tipos de relaciones que somos capaces de establecer, inventar o reinventar.
¿Los 18 millones de usuarios que ha conseguido Google+ en tres semanas y las buenas críticas recibidas pueden hacer temblar los cimientos de la tan asentada Facebook?
Evidentemente le robarán cuota de mercado pero creo que iniciamos un largo periodo de convivencia, al estilo de lo que ocurre con los sistemas operativos (Microsoft, Apple, Linux, etc.) entre Facebook, Twitter y Plus como principales agentes mundiales.
¿Crees que es el lanzamiento definitivo para Google en cuanto a redes sociales tras el fiasco de Buzz?
Creo que es un intento fuerte, trabajado, con mayor inversión que los de Buzz o Wave pero internet es un buen lugar para el ensayo error y Google tiene muy clara la importancia del grafo social, no va a dejar de intentar conquistarlo porque sabe que es el el filtro natural de la información para el ser humano.
Otro de sus puntos fuertes de Plus que no quería dejar de observar es la polivalencia, la flexibilidad con que parece poder adaptarse a los muchos tipos de relación que podemos preferir. Pero una vez más, cada usuario decide, incluso si prefiere o se siente más seguro en redes sociales menos versátiles.
Nos lo decían desde el Sharismo y resulta una de las claves fundamentales en la web 2.0: compartir es natural. Tan natural, añadiría, que resultará difícil, comento últimamente alrededor del tema de la burbuja 2.0, que dejemos de hacerlo en la sociedad aumentada, hipersociedad, como queráis llamarle, que la web nos proporciona.
El post de hoy presenta evidencia científica al respecto de que si bien los niños son empáticos por naturaleza, el proceso de adaptación a las normas culturales y sociales al que les sometemos, también llamado educación, termina por convertirles en más individualistas, infelices y según muchos autores (entre ellos Bauman), abocados al consumismo como forma sustitutiva de satisfacción del instinto social.
Lo indican las investigaciones de Tomasello, codirector del Instituto de Antropología Evolutiva de Leipzig, uniéndose a otras sobre el carácter innato, natural, de la colaboración, que ocurre no solamente en humanos sino también en otras especies: bacterias, topos, ratas, suricatas y muchos insectos se comportan también de forma colaborativa unos con otros. En Why we cooperate (editado también en español)lo explica con extensión: empatía, cooperación, pueden no ser ni aprendidas ni surgidas para obtener determinadas recompensas (Axelrod, investigador social de la cooperación, nos diría todo lo contrario: cooperamos para asegurarnos la reciprocidad después).
Cuando niños de solo 14 meses ven a un adulto (incluso si lo acaban de conocer) que necesita que se le abra una puerta porque tiene las manos ocupadas, intentarán ayudarle. Al año, un niño apuntará con el dedo objetos que el adulto simula haber perdido. Si dejamos, por último, caer un objeto ante un niño de dos años, lo recogerá para nosotros y nos lo ofrecerá.
Aunque otras especies parecen comportarse también de forma colaborativa, solamente los niños transmiten información de uno a otro, trabajan en equipo, comparten sus pertenencias o se enfadan cuando los demás no están siendo justos. El lenguaje, en este sentido, es clave.
Y es que llevo un tiempo pensándolo como tecnología hipersocial primigenia, que precede imprenta, internet y otros desarrollos posteriores.
La novedad en las investigaciones de Tomasello está en que la cooperación no depende de las recompensas ni el aprendizaje, ligados a peculiaridades culturales, sino que parece ocurrir a través de distintas culturas. Así, el comportamiento altruista puede ser observado incluso en bebés de chimpancé bajo las condiciones experimentales adecuadas pareciendo la ayuda una inclinación natural, no algo impuesto por los padres o la cultura: niños muy pequeños ya colaboran ofreciendo información, como veíamos, sobre los doce meses pueden apuntar a objetos que los adultos han perdido. Si bien los monos también lo hacen, nunca es entre ellos: cuando apuntan para personas suele ser para alcanzar algo, para solicitar ayuda, no para compartir información ni colaborar.
Cuando los niños crecen se vuelven más selectivos en cuanto a generosidad: a los tres años se compartirá más generosamente con niños que hayan sido antes agradables. También las normas sociales, que indican que hay que ser amables con los demás o que establecen jerarquías de poder en grupos determinados (en la familia, por ejemplo y dependiendo también del contexto sociocultural, cada miembro ostenta un estatus que influye en los comportamientos de colaboración y ayuda), matizan el tema.
Es curioso el tema de las normas porque estas se aprenden, precisamente, porque se es sociable, porque se quiere ser parte del grupo que las transmite. En el caso de los niños, no solo sienten que deben obedecer por sí mismos las normas, también que deben hacer que las cumplan otros miembros de su grupo. Incluso a los tres años se quieren reforzar normas sociales. Si se les enseña a jugar un juego y aparece un muñeco con reglas distintas se ofenden mucho, le vociferan y recuerdan la norma original.
Tomasello explica un interesante reflejo físico diferencial de la intencionalidad compartida en nuestros cuerpos. Está en la esclerótida, el blanco de nuestros ojos. Ninguna de las 200 especies de primates no humanos tiene esta parte del ojo visible, elemento clave para poder seguir la dirección de la mirada de otros. Los monos pueden mirar la cabeza para interpretar la intencionalidad ajena pero entre humanos la mirada es mucho más importante. No ver hacia donde miran los demás puede ser un riesgo importante, también en en grupos cooperativos en los que monitorizar el foco de otros repercute en beneficios para todos. Este “ojo colaborativo” solo pudo ser un producto evolutivo de un entorno social cooperativo.
Si los niños son altruistas por naturaleza, el estilo parental ideal para tratar con ellos es inductivo, reforzando su propensión natural a la cooperación e intentando evitar el también instinto natural hacia el egoísmo (todos los organismos deben tener algún rasgo egoísta para ser viables, admite el autor, que destaca cómo los dilemas morales surgen de la concurrencia de egoísmo y altruismo). Los padres que eduquen así, simplemente comunicarán a los niños el efecto de sus acciones en los demás, enfatizando la lógica de la cooperación social cuando esta tiende ya a producirse de forma espontánea.
Imaginemos el potencial de todo ello en una internet sociable, en un entorno que multiplica las posibilidades de colaboración…
En una reciente conferencia en el Festival de Ciencia de Cambridge el psiquiatra Ed Bullmore preguntaba a la audiencia y otros usuarios de Twitter que twittearan sobre los conceptos que iban apareciendo, usando el hashtag #twitterbrain. Al final de la charla Bullmore mostraba la imagen resultante y explicaba cómo las redes en Twitter son similares a las formadas entre regiones interconectadas del cerebro humano.
Al igual que el cerebro humano, la red derivada de #twitterbrain resultó ser una red de mundo pequeño, lo que significa que las rutas que conectan dos nodos son relativamente cortas, con un alto grado de agrupamiento local. Significa que la información puede moverse con rapidez, tanto en distancias cortas y largas, así que tiene sentido que cualquier red de procesamiento de la información se adapte a esta tipología.
También como en la red del cerebro humano, la red #twitterbrain fue modular, lo que significa que su estructura general puede ser dividida en una serie de módulos que contienen nodos densamente conectados entre sí, pero escasamente conectados a los nodos de otros módulos. Se trata de una característica ventajosa para cualquier sistema de procesamiento de la información que tiene que adaptarse, evolucionar o cambiar con frecuencia sin poner en peligro la función en otros módulos.
Exsiten algunas diferencias entre estas dos redes de procesamiento de información, la red del cerebro y la de twitter, como el hecho de que en la red cerebral los nodos están más agrupados y el funcionamiento es, en general, menos eficiente que en la red social Twitter.
Una posible explicación de las diferencias está en el hecho de que el cerebro humano está incrustado en un espacio físico, minimizando el coste de la conexión, comenta Bullmore. Conexiones de larga distancia entre las regiones del cerebro costarían mucho en términos de energía metabólica y el cerebro ha evolucionado para mantener el coste de conexión en mínimos. La red de Twitter, por contra, es probable que esté menos limitada por los costes de hacer conexiones de larga distancia (tweets) entre las personas.
El difícil equilibrio entre la complejidad necesaria para garantizar un alto rendimiento y el coste de conexión de esa complejidad son los factores que han causado que el cerebro evolucione hacia una determinada estructura matemática, conocida como la regla de Rent. La regla se repite no sólo en la red del cerebro humano, sino también en el sistema nervioso de un gusano nemátodo y en circuitos de computación de alto rendimiento.
La película, que os dejo a continuación, muestra la red cerebral durante una exploración de resonancia magnética funcional del cerebro, técnica que permite estudiar procesos además de estructuras. La red resultante se utiliza para analizar el flujo de información en los cerebros de personas sanas y en pacientes con trastornos como la esquizofrenia.
El video muestra la transición entre una red que muestra las conexiones entre las diferentes regiones del cerebro en sus localizaciones anatómicas a un nuevo diseño que hace hincapié en la estructura de la red, con los nodos reubicados en función de su pertenencia a determinadas comunidades.
Me llamaba la atención hace unas semanas una investigación reciente, cuyas conclusiones indican que las personas bilingües pueden desarrollar determinadas tareas mejor que los que hablan un solo lenguaje. Y no solo por reunir otra evidencia acerca de que a más conexiones cerebrales, más en forma cognitiva podemos considerarnos, sino porque creo que el dato podría ser extrapolado a la multiplicidad de lenguajes de la alfabetización digital.
Así, parece que más que crear seres más inteligentes, lo que correlaciona según las últimas investigaciones es el conocimiento de varias lenguas con el dominio de algunas de las que hemos considerado competencias importantes para el ciudadano del siglo XXI, entre ellas la mítica multitarea:
Excluir información irrelevante, focalizar la relevante y otro tipo de tareas que exijan priorización y trabajo en múltiples proyectos a la vez, son según Judith Kroll, Psicóloga que dirige el estudio, cuestiones en las que los bilingües (o los denominados nativos digitales que podemos considerar en muchos sentidos multilingües, añadiría) destacan.
Los datos contradicen investigaciones anteriores, que consideraban el bilingüismo como rémora, condición creadora de confusión, especialmente en niños, que terminaban por no dominar ninguno de los dos idiomas. Parece, por el contrario, que el tema funciona como una especie de ejercicio mental que favorece el desarrollo cognitivo. Es así cuando por ejemplo los bilingües hablan entre ellos, intercambiando fácilmente ambos lenguajes, seleccionando a menudo entre las palabras las que, en cualquiera de los idiomas, expresan mejor el concepto, algo que no se produce cuando un bilingüe habla con alguien que solo conoce uno de los lenguajes. Para un bilingüe es frecuente el intercambio entre idiomas, lo que puede considerarse también ejercicio mental, el mismo, añadiríamos, que podría suponer el dominio simultáneo de imagen, audio y texto típico de la multialfabetización digital que muchos/as defendemos.
Resulta complementaria la investigación de Bialystok, otro investigador que coincidiría y ampliaría el tema de los beneficios del bilingüismo a través de distintos grupos de edad: los niños que crecen en entornos bilingües se desenvuelven mejor en tareas que requieran toma de perspectiva o priorización. El hecho de dominar varios idiomas (y añadiría de nuevo o las alfabetizaciones múltiples), podría incluso prevenir enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo, como el alzheimer o la demencia.
En fin…el tema me ha recordado cómo se equivocan los que piensan que el inglés debería ser el único idioma universal, cuando lo interesante es abrazar la riqueza cultural y al parecer cognitiva que pueden proporcionarnos entornos multilingües. También lo limitados que me parecen los angloparlantes cuando desde un etnocentrismo extremo critican o dejan de prestar servicios a los que hablamos habitualmente otros idiomas (no entiendo, ante comentarios de “english please” o similares tan típicos en la web la habitual vehemencia con que defienden su ignorancia).
O lo absurda que resulta en un entorno enriquecido también en formatos como la web, la defensa acérrima de la lectoescritura como única forma de alfabetización posible…
Aunque solamente sea para variar, es genial encontrar investigación en el sentido de esta: un nuevo estudio muestra que chequear nuestro perfil en Facebook aumenta la autoestima.
Publicado en el Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking journal, el estudio en cuestión, de dos investigadores de Cornell parte de las siguientes premisas y llega a las siguientes conclusiones:
“Pienso que decir que Facebook es bueno o malo es simplista, comenta Amy Gonzales. Pero tanto internet como facebook son lugares importantes para la psicología humana actual. Este es solo un pequeño estudio de toda una serie que irá en ese sentido.”
El estudio consistió en reunir a 63 estudiantes frente a ordenadores, mostrando en algunas pantallas sus perfiles de Facebook mientras que en otras no se mostraba nada y en otros casos existía un espejo en lugar de la red social. Durante 3 minutos los que pudieron hacerlo surfearon su perfil en FB e inmediatamente después, todos respondieron a un cuestionario de autoestima.
Así, los estudiantes que editaron sus perfiles durante los tres minutos reportaron los niveles más altos de autoestima. En el caso del espejo nos recuerda quienes somos realmente, pudiendo generar efectos negativos en la autoestima si la imagen no cuadra con nuestro ideal. En cambio, Facebook, creado a imagen y semejanza de lo que pensamos puede que nos refleje, si no de forma engañosa, sí de forma sesgada hacia lo positivo.
Aunque puede tratarse de algo generalizable a otras redes sociales, el equipo comenta que investigará si el tema se produce al editar fotos, presentarse o al recibir comentarios en el muro. También pretenden ir más allá y analizar si el uso de los medios, en general, nos hace más o menos felices. Por último parece que también es ya objeto de investigación si son más o menos significativas las relaciones que establecemos en redes sociales o la vida real.
Vamos tomándonos internet en serio…
En fin… sea como sea no quería terminar el artículo sin dejaros un vídeo que encontraba hace poco. El mundo está obsesionado con Facebook:
Gonzales AL, & Hancock JT (2011). Mirror, Mirror on my Facebook Wall: Effects of Exposure to Facebook on Self-Esteem. Cyberpsychology, behavior and social networking, 14 (1-2), 79-83 PMID: 21329447
Pensaba ayer en cómo la evolución tecnológica ha desafiado la dimensión del tiempo hasta la actualidad, sobre todo desde la invención de cosas como el teléfono o la electricidad.
Descubría también un concepto nuevo, el de slacktivism que me hacía pensar poderosamente, ya no en sí mismo sino en si podía ser aplicado o no al arte en red, incluso al arte de todos los tiempos, ese que muchos hemos estado entendiendo como fundamental para cambiar el mundo.
Significa los actos a favor de una causa determinada sin valor práctico, que nos hacen sentir mejor pero no cambian realmente nada. Firmar peticiones, “favoritar”, compartir o retwittear, añadir detalles a las fotos de perfil son, según Wikipedia y en un sentido claramente peyorativo “Slacktivismo”.
En fin… no sé si es posible el arte sin consecuencias (¿remover conciencias no sería una forma de activismo? ¿No puede ser un primer paso como el net-art cuando muestra otras realidades? respondía Mertxe en twitter a mi inquietud).
No sé, ni siquiera, si debemos pedirle más que ser el alma de una sociedad, parte del zeitgeist de todo momento cultural.
Parafraseaba hoy Ferran Ruiz en otra entrañable Jornada Compartim al maestro Bauman en Tiempos líquidos: “La evasión es lo contrario de la utopía”… y creo que me sirve, que cualquier acción en red está más cerca de la utopía que de la evasión.
Volviendo a la red de redes culminando un desafío al tiempo que empezó años ha, vivimos con la internet de las cosas, ese mundo de objetos conectados e incluso telecontrolados a través de la red global, el desafío a la dimensión espacial.
Todavía incipiente, el ejemplo de visualización de datos en espacios públicos me ha parecido una interesante muestra de todos estos temas. Juzgadlo si no en el discurso de timo arnall + jorn knutsen + einar sneve martinussen, autores del pintado de señal wifi con luces que vemos en el vídeo. Transcribo y traduzco:
La ciudad está llena de redes invisibles, cómo podemos revelarlas? Diseñamos un instrumento para señalar con luces las señales wifi: 4 metros de luz para evidenciarlas.
Me ha parecido una idea tremendamente potente como denuncia de la posible falta, de desigualdades en cuanto a lo que podríamos llamar el capital conectivo de cualquier zona o ciudad: “la señal de pequeños edificios de apartamentos fluye en las calles de forma distinta de la de las redes de las grandes instituciones. Densas áreas residenciales tienen más redes pero de rango más corto que parques y campuses”.
Como muchos otros ejemplos de visualización de datos, también estamos hablando de arte para cambiar el mundo. O por lo menos para evidenciar lo inmaterial, para hacernos a todos/as más conscientes de nuevas dimensiones de la realidad (física y social).
La pintura de luz se sitúa en la ciudad global contemporánea enredada como si dibujase sus arterias, su corazón, la exuberancia, la agonía de su contemporaneidad.
Para planificar viajes vale la pena usar un comparador de hoteles. Ofrece la posibilidad de buscar por palabras, lo que lo hace todo más fácil.
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