De las felicidades ficticias al protagonismo de la historia

Estaré pronto en Santiago de Chile hablando de las TEP, la faceta de la apropiación tecnológica que aumenta las posibilidades de una participación de calidad en los aspectos que nos afectan. Aunque en este caso desarrollaré la vertiente de participación en la vida política, no se trata solamente de una cuestión importante a este nivel o de forma más amplia a nivel social, de construcción de sociedades más responsables (co-responsabilidad es el término), de democracias más maduras, sino también de algo fundamental en cuanto a un aspecto que como psicóloga me preocupa por encima de cualquier otro: el del aumento de la felicidad del ser humano.

Ando leyendo estos días “Reality is broken”, una obra básica sobre la psicología del juego que postula una idea tremendamente actual, la de que el juego es una forma de realidad alternativa, de sustitución  de una realidad que no siempre tiene éxito en satisfacer las necesidades más importantes de los seres humanos.

Resultan interesantes las conclusiones de la autora a partir de un tipo de estudios, los ESM, cuya metodología consiste en preguntar a la gente varias veces al día, vía mensaje de texto o similar sobre dos cuestiones: qué están haciendo y cómo se sienten. Resulta que en el caso de la felicidad lo que creemos que es divertido o relajante, es realmente deprimente.  Si bien cuando estamos trabajando o estresados decimos desear enormemente hacer cosas como comer chocolate, ver televisión, ir de compras, etc. parece que en realidad la experiencia de este tipo de actividades resulta estar asociada a sentimientos negativos, como desmotivación o menor autoconfianza. No nos satisface, en otras palabras, la diversión fácil, sino que las que parecen activarnos más son actividades que requieren bastante más de nosotros, de nuestra proactividad.

Es una de las claves de la gamificación, de la idea de juego en general como productor de felicidad y creo que puede orientarnos también en cuanto al potencial “eustrésico” (estrés positivo) de la participación, consciente y activa que se desarrolla de forma abundante en muchos ámbitos distintos con los nuevos medios.

 

En otras palabras, parece que el ser humano no es tan cómodo y simple como lo pensamos y aunque siga estando por desarrollar el tema en cada ámbito concreto, sí podemos apuntarlo ahora: Nos hace más felices ser “jugadores” que telespectadores, “agentes activos de nuestra salud” que “pacientes”,   aprender que “ser enseñados”, ser “votantes” que súbditos y así hasta el infinito de ejemplos que lo son también de ámbitos en los cuales las TEP deben desarrollarse mucho más.

Es algo que hemos visto en otros artículos que ya saben hacer nuestros jóvenes, probablemente más felices gracias a la proactividad que desarrollan en los medios sociales.  Es complicado en internet, ecosistema que moldea la nueva psicología del hiperindividuo, no ser participativo. Como decíamos en otros términos las nuevas TEP (Tecnologías del empoderamiento y la participación) implican la apropiación de las TIC para el logro de las necesidades más elevadas en la pirámide de Maslow y los constructos teóricos de otros investigadores de la motivación (reconocimiento social, competencia, autonomía, autorrealización, sentido).

 

Es hora de dejar de matar el tiempo para empezar a vivirlo, de dejar de ser espectadores, refugiados en felicidades ficticias, para empezar a protagonizar nuestra propia historia. Es hora, en definitiva, de participar.

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