De la publicidad comportamental a la publicidad emocional

De la publicidad comportamental a la publicidad emocional

Hemos hablado mucho aquí de la publicidad comportamental, de cómo en ese caso la excusa de la personalización no debería servir para rastrear, muchas veces sin que lo sepamos o consintamos,  lo que hacemos online y ofrecernos después productos o servicios.  También explicábamos cómo cuando se trata de personalizar los resultados se está aplicando la idea de filtrarlos con criterios,  contextos distintos, con el social de Google Social Search como uno de los más interesantes.

Pues bien… va avanzando la investigación y con ella aumentará la preocupación por la de-la-publicidad-comportamental-a-la-publicidad-emocionalprivacidad. Y es que ya no estamos hablando de publicidad y buscadores “comportamentales” o “sociales” sino de cosas más cercanas a la intimidad de las personas. Así, aparecía hace poco una patente de Microsoft para un sistema que escanearía nuestros posts en Facebook y otras redes sociales deduciendo nuestro estado de humor, intereses e incluso nuestra inteligencia para ofrecernos mejores inputs publicitarios.

El tema no queda aquí y MS añade Kinect al mix: ¿Pareces, por lo que cuentas en redes sociales, por las imágenes y  vídeos que captamos de ti, por cómo te mueves según Kinect, feliz y contento? Pues te mostramos anuncios sobre vacaciones, electrónica de consumo, etc. Si pareces triste serán más adecuados los anuncios sobre pérdida de peso o productos de autoayuda.

Tenéis en el diagrama cómo se compone el algoritmo de predicción emocional. El tema todavía está en investigación pero parece que desde Microsoft piensan en ofrecerlo pronto al mercado.

 

De la ingeniería de lo escaso al diseño de la abundancia

Todo ello si no se dan cuenta antes de que no solo de mercado vive el hombre. Por lo menos no en todos los casos, no en todo el mundo:

Puede, por ejemplo, que añadir elementos de mercado a cosas como la solidaridad, las donaciones, no funcione (hay mucha investigación al respecto de que determinado comportamiento altruista se resiente si incorporamos elementos comerciales o mercantilistas a la interacción organización-donante).

O incluso puede que el modelo de felicidad consumista en el que esta aumenta según la cantidad de compras realizadas, sea cada vez menos universal. Así lo concluía, de hecho, un estudio reciente en Esade, del que destaco aquí  un par de párrafos:

En un modelo económico y social en el que el consumo ha desarrollado un rol de vertebración social, se detecta un cambio en las tendencias de los consumidores que transformará la manera de hacer negocios y el modelo empresarial a escala global, y que cambiará, de hecho, a la sociedad misma. Nada volverá a ser como antes.

Además, constatamos que la posibilidad de consumir más a partir de ciertos niveles –logrados mayoritariamente en países nórdicos– deja de tener una contribución significativa en la felicidad de los individuos”.

 

¿Estamos haciendo ingeniería de lo escaso poco antes de su desaparición?

Dejad que me despida con un lema que leía ayer en la estación de Atocha con el que no puedo estar  más en desacuerdo… No recuerdo la marca pero sí la frase, que decía algo así como que “Lo racional es hacer lo que se conoce, lo intuitivo y emocional es hacer lo que se desconoce”, instando a lo segundo como elemento clave de competitividad.

No os dejéis engañar…. en momentos de cambio como el que vivimos, no tiene sentido regodearse en las sobras. Lo racional, lo intuitivo y emocional, todas nuestras inteligencias y fuerzas deben dirigirse a una sola cosa: explorar lo desconocido y abundante que está por hacer.

 

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7 thoughts on “De la publicidad comportamental a la publicidad emocional

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  2. Si a la crisis económica la acompaña algo bueno, es el jarro de agua fría que despierta la “consciencia” de las personas. La disminución del poder adquisitivo (agua fría desagradable en un primer momento), que insta a la gente a buscar la felicidad en otros lugares distintos de los escaparates. Y que si, que una vez tenemos lo suficiente para cubrir nuestras necesidades reales de todo tipo, las “compras” pierden sentido. Creo que será el acceso a lo básico en todos los terrenos (alimentación, vivienda, social, información…), y a todo aquello que ofrezca posibilidades de desarrollo personal, lo que primará en el futuro.

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