Me importa un pito… Lo triste de los ataques a la web

Me he permitido una pequeña licencia poética. ¿Conocéis aquel precioso poema de Oliverio Girondo sobre el amor? Lo tenía en mente desde hace días….dedicado a tod@s…,que nos lo merecemos.

Me importa un pito que el conocimiento venga de páginas de dudosa estética o carga lenta.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezca grave, anónimo o plagiado.
Soy perfectamente capaz de soportarle un índice de errores ortográficos que sacaría un cero en un examen de primaria…

¡Pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no le perdono, bajo ningún pretexto,
que no sepa volar.
Si no sabe volar ¡pierde el tiempo si pretende seducirme!
Esta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de Internet.

¿Qué me importaban sus entradas sin referente y sus mensajes de error ocasionales? ¿Qué me importaban sus pop-ups y sus sevidores caídos?

¡La red, para el conocimiento, era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba… de Madrid a Tegucigalpa, volaba de Berlín a Buenos Aires. Volando me preparaba la lectura, la sorpresa. Volando realizaba sus conexiones, sus pasos silenciosos hacia la utopía…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por ese blog amigo! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado…la red…y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus letras de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte…

¡Qué delicia la de tener ideas tan ligeras…, aunque nos hagan ver,de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes… la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer las ideas libres, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivo un medio interesado? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir entre rejas o convivir con información que no pueda transmitirse, contrastarse, modelarse, apropiarse, transformarse?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de las ideas impuestas, de las ideas pagadas….
y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar,
que pueda saberse, que pueda formarse, que pueda aprenderse…
más que volando.

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Poema original de Oliverio Girondo.

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